El cinturón de La Habana

Cuba Contigo

Nuestra ciudad se fortificó poco tiempo después de su fundación, la importante posición geográfica, que convirtió a la isla en “Llave del Nuevo Mundo, Antemural de las Indias Occidentales”, llamó la atención de las poderosas potencias europeas de esa época. Los ataques de corsarios y piratas se hicieron continuos y el Rey de España decidió proteger a toda costa la otrora villa, que recibió el título de ciudad en 1592, convirtiéndola en un recinto inexpugnable. Se construyeron fuertes, castillos, torreones y la Muralla que completaría el proyecto defensivo, delimitó su territorio urbanizado por mar y tierra.

¿Por qué construir una muralla en La Habana?

La Habana desde sus inicios fue muy codiciada por su ubicación geográfica y las potencialidades que ella atesoraba para el desarrollo económico de la isla, como es el caso del puerto de La Habana, calificado como el más importante del país por ser centro de la actividad portuaria. 

Muralla de La Habana. Puerta de Monserrate

Así, fue azotada por innumerables ataques de corsarios y piratas que ponían en peligro la vida de los peninsulares y las riquezas que la corona almacenaba en la villa, por lo que se hacía imprescindible su fortificación a través de obras de ingeniería militar que permitieran salvaguardar la floreciente urbe. De esta forma son construidas las fortalezas La Fuerza, La Punta, El Morro, La Cabaña y los torreones de Cojimar, La Chorrera y San Lázaro.

Sin embargo, todavía la ciudad era vulnerable por lo que en 1603 existe ya un proyecto de crear una muralla para evitar el acceso de enemigos por la parte de tierra.

La parte de tierra era la costa desnuda, y especialmente el bosque  de lo que posteriormente sería El Vedado, se interponía entre el mar y la ciudad. El análisis del amurallamiento reveló que el costo de la obra tendría un monto de 207 375 ducados, previstos en un inicio para efectuarse en un plazo de tres años.

Iba a extenderse desde el barrio de Campeche hasta La Punta, con cuatro pies de ancho y ocho de altura, mas tres pies adicionales que se obtendrían por medio de grandes ladrillos, pero nada de esto se llevó a cabo al interponerse numerosos trámites burocráticos y la falta de fondos con que se justificaba España.

Por consiguiente se plantean otras propuestas, como la de crear la muralla pero de madera y rodear a la villa con fosos de agua como los castillos medievales. La primera es desechada rápidamente, pues sería fácilmente penetrable con la utilización del fuego y la segunda seria poco práctica pues devendrían problemas con la insalubridad que rodearía la urbe. 

Estos planes no fructifican y quedan prácticamente en el olvido durante varios años, hasta que ocurren varios hechos entre España y algunas de las potencias de la época como Inglaterra y Holanda que demandaban la atención de la Corona con respecto a la protección de sus posesiones de Ultramar, por lo que el rey de España, en 1667, ordenó más fortificación para La Habana. 

La muralla se comenzó a construir durante el gobierno de Francisco Rodríguez de Ledesma el 3 de enero de 1671 y se terminó casi un siglo más tarde; siendo dada por terminada la sección que daba a tierra en 1698 pero no completándose la parte que daba a la bahía hasta 1740, 137 años después de que naciera la idea de construirla, a un costo de tres millones de pesos. 

Diagrama de la Muralla

Su extensión era de unos 4 892 metros, tenía como promedio 1,40 metros de espesor y 10 de altura, y contaban con una dotación de 3 400 hombres y un armamento de 180 piezas de artillería. Estas murallas fueron convertidas en un entorno característico de la villa. 

Al principio contaba con dos puertas: Puerta de La Muralla (después llamada Puerta de Tierra) y Puerta de La Punta. Después se abrieron otras, algunas siendo reemplazadas, como la de Tenaza que fue reemplazada por la del Arsenal.

En general llegó a haber unas nueve puertas activas, entre ellas la de Monserrate, la de Luz, la de San José y la de Jesús María. Todo lo que quedaba dentro del recinto era llamado intramuros, asiento preferido de los peninsulares, mientras el resto, extramuros, era habitado preferentemente por los llamados naturales del país o criollos.

Con el paso de los años esta construcción llevó consigo a la división de la villa y mientras se desarrollaban más actividades y asentamientos en el exterior, se hacía menos necesaria la existencia de la muralla. 

En 1863 comenzó su demolición con el derrumbe del gran muro por las Puertas de Monserrate y no es hasta comienzos del siglo XX que culmina. Actualmente se conservan los restos de la muralla que testifican las características y el trazado de esta importante construcción del sistema defensivo de La Habana, la cual según los especialistas no tuvo una verdadera utilidad pues jamás tuvo que enfrentar un asedio ni contener máquinas de asalto reales, ya que en la única ocasión en que pudo haber sucedido, durante la toma de La Habana por los ingleses, el astuto enemigo evitó el cerco de piedra y penetró en la ciudad por la desprotegida loma de La Cabaña. 

Tradición centenaria asociada a la muralla

Actualmente, como tradición centenaria, suena aun el cañonazo en las noches habaneras, Ahora se realiza a las nueve, como parte de una fantasía que desde la misma fortaleza de la Cabaña recrea los tiempos en que se anunciaba el cierre de las puertas de la muralla.

Posteriores excavaciones llevadas a cabo por la oficina del historiador han venido mostrando otras partes de lo que fue el cinturón de La Habana.