La Habana, una ciudad que enamora.

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Dice la conocida canción de HABANA BLUES que «ya sea en Madrid o en Nueva York, La Habana está en todas partes» porque te la llevas contigo. Son unos versos acertados, porque si hay algo en La Habana que la hace mágica es que una vez has estado allí no la puedes olvidar. Su recuerdo va contigo allá donde tú estés, porque La Habana es una ciudad que enamora.

Un poco de historia

Fundada a principios del siglo XVI, la Habana Vieja es el barrio más antiguo de la ciudad y, desde 1981, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Muchos de los visitantes que llegan a La Habana piensan en tomarse un daiquiri en La Floridita, fumarse un buen habano, sacarse una foto en La Bodeguita del Medio o simplemente pasear por el Malecón. Pero no hay que engañarse, la ciudad esconde mucho más.

¿Qué hacer en La Habana?

Sin moverse del centro de La Habana podemos visitar la Plaza de Armas, que es la más antigua de la ciudad, o la comercial calle del Obispo, que parte de la misma plaza, llena de mercadillos y tiendas alejadas del estilo europeo, y con un marcado sabor añejo.

Plaza de Armas, La Habana, Cuba
Plaza de Armas, La Habana, Cuba
Plaza de Armas, La Habana, Cuba.
Plaza de Armas, La Habana, Cuba

Esta Plaza fue constituida en el primer tercio del siglo XVI fue la primera de la villa y a partir de la cual se erigió su crecimiento inmediato. En sus inicios, al estar asociada a los terrenos del Castillo de la Fuerza, tuvo una función predominantemente militar. Sin embargo, a finales del siglo VIII destaca por su jerarquía administrativa con la construcción de los palacios de los Capitanes Generales y del Segundo Cabo, edificios con una belleza que bien vale detenerse a admirar. La estatua de Carlos Manuel de Céspedes que se ubica en su centro fue colocada en 1955 en sustitución de la del monarca español Fernando VII. Con un valor histórico y arquitectónico extraordinario, su visita es una de las experiencias que no pueden dejarse para un segundo viaje.

Calle Obispo y Mercaderes. La Habana, Cuba.
Calle Obispo y Mercaderes. La Habana, Cuba.

Obispo es una de las calles más viejas de La Habana, siendo diseñada en el año 1519, cuando se asentó la Villa de San Cristóbal. Durante su historia ha recibido varias denominaciones como: San Juan, Del Obispo, Weyler, Pi Margall, entre otras hasta sumar un total de 47. Desde el año 1936 su nombre ha permanecido como Obispo.

Muy cerca se encuentra otra plaza singular, la de la Catedral, uno de los conjuntos arquitectónicos mejor logrados del arte colonial hispánico en toda América y uno de los imprescindibles que ver en Cuba. La Catedral de San Cristóbal de La Habana es el monumento más llamativo de la plaza, a la que da nombre. Su construcción, iniciada por los Jesuitas, está fechada a principios del siglo XVII. La estatua del Caballero de París, un español que se volvió loco y paseaba por las calles de La Habana vestido con capa haciéndose pasar por un gran aristócrata, completa la fisonomía de este bello espacio de la ciudad. Por cierto, dicen que trae buena suerte pasar la mano por la barba de la estatua al tiempo que se le tira de un dedo.

Plaza de la Catedral de La Habana, Cuba.
Plaza de la Catedral de La Habana, Cuba.

El terreno anegadizo y relativamente aislado conocido como la Ciénaga dio lugar a una de las plazas de mayor importancia de la ciudad: la Plaza de la Catedral, que cuenta con edificios icónicos de la arquitectura colonial, La Catedral y la Casa del Márquez de Arcos. Su ubicación, a diferencia del resto, supone el placer del descubrimiento inesperado al no estar tan expuesta como el resto.Exponente de esos contrastes que tan bien caracterizan a la ciudad, conjuga la monumentalidad de sus edificaciones con el intimismo generado por espacios relativamente pequeños. A su vez se encuentran aparejadas la sobriedad católica con el folclor yoruba de quienes adivinan futuro en sus puertas.Su Catedral es uno de los referentes más aclamados del barroco cubano. Acoge ocasionalmente conciertos de las más diversas expresiones musicales, performances de reconocidos artistas, y el talento de jóvenes que se posicionan en sus cercanías para dibujarla.

El caballero de París. La Habana, Cuba
El caballero de París. La Habana, Cuba

Camino del puerto, por la calle Mercaderes, tras caminar unas seis cuadras, llegamos a la Plaza Vieja, que se creó para dotar a la ciudad de un nuevo espacio urbano destinado al uso público y comercial sustituyendo a la Plaza de Armas, que pasó tener usos militares allá por el siglo XVI.

La Plaza Vieja. La Habana, Cuba.

Todo recorrido por la capital de Cuba, aunque algo alejado del centro histórico, pasa obligatoriamente por la Plaza de la Revolución, uno de los símbolos de la revolución cubana. Fue en 1953 cuando se dio comienzo a la construcción de la plaza y del monumento a José Martí. Después del triunfo de la Revolución, la plaza ha acogido numerosas fiestas revolucionarias y discursos de Fidel Castro.

No está todo visto, ni mucho menos, pero tal vez antes del atardecer sea un buen momento para ver la ciudad desde fuera. Regla, un pequeño pueblo marinero ubicado en la Bahía de La Habana, ya absorbido por la capital y al que se puede llegar en una bonita excursión en lancha desde el Muelle de la Sal, ofrece una vista privilegiada de La Habana.

Vistas de La Habana desde Regla. La Habana, Cuba.
Vistas de La Habana desde Regla. La Habana, Cuba.

Sin olvidar visitar el Capitolio Nacional, el Gran Teatro de La Habana, el edificio Bacardí, con unas inmejorables vistas de la capital, o los numerosos monumentos y museos que inundan la ciudad, ponemos rumbo al Malecón, un lugar conocido incluso para los que nunca pisaron este bendito suelo cubano.

Capitolio de La Habana. Cuba
Capitolio de La Habana. Cuba
Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
Edificio Bacardí. La Habana, Cuba.
Edificio Bacardí. La Habana, Cuba.
Malecón de La Habana. Cuba
Malecón de La Habana. Cuba

Si tienes tiempo, puedes descubrir otra Habana más alejada del turismo y del convencionalismo, como por ejemplo el Callejón de Hamel, situado entre las calles Aramburu y Hospital. Este callejón está repleto de murales, pinturas y esculturas, y se ha convertido en un templo de la cultura afrocubana. Fue Salvador González Escalona, un artista cubano quien ha conseguido que este sitio trascienda en lo cultural para convertirse en un punto de encuentro en el barrio para niños y mayores. Desde los 90, gracias al arte han conseguido que muchos jóvenes se aparte de lo malo y se acerquen a lo bonito de la vida.

Cuando cae la noche es el momento en el que renace una nueva ciudad que olvida el deterioro de sus calles y edificios.

Lo cierto es que La Habana es una ciudad que enamora. Tiene muchos contrastes: Lo elegante y lo pobre, lo antiguo y contemporáneo, la mezcla de culturas, los colores y las risas de la gente, el baile, el calor y su rica comida. Descubrir la historia de Cuba es algo alucinante… La Habana guarda secretos memorables. Aconsejamos siempre ir con un guía de turismo para que puedan disfrutar y conocer realmente.

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