La verdadera historia del Caballero de París

Cuba Contigo Nostalgias cubanas

Las leyendas urbanas, esas que parten de hechos reales distorsionados, ubican a La Habana, sin dudas, como fuente de abasto de historias míticas que guardan poderosos secretos. Así ocurre con el testimonio de la vida del Caballero de París. Hoy le vamos a contar la verdadera historia del Caballero de París… quédate junto a nosotros y coméntanos al final del post 🙂

¿Quién fue el Caballero de París?

Este personaje encarna uno de los peldaños más altos de esas leyendas de figuras callejeras, rodeado del folclore que forma parte de la historia capitalina.

Su verdadero nombre fue José María López Lledín, y nació en la provincia de Lugo, España, en diciembre de 1899. Completó sus estudios en primaria y la mitad de la secundaria. Según los datos históricos el caballero de París indica ser el cuarto de ocho hermanos.

Llegada a Cuba

Llegó a Cuba a los quince años de edad acompañado de tres hermanos varones. Trabajó en diferentes actividades, como suelen hacer la mayoría de los emigrados. Trabajó en una oficina de abogados, en una tienda de flores como encargado, en una tienda de libros, sirviente de restaurantes en diferentes hoteles en Cuba, como el Hotel Inglaterra. Logró contratarse en varios hoteles de la Habana como el Hotel Telégrafo, el Manhattan y el Sevilla.

La exquisitez de sus modales y su vasta cultura fueron la herramienta que propició su fortuna, que a decir verdad, no lo acompañó por mucho tiempo.

Su salud Mental

El Caballero de París

Se cuenta que perdió el equilibrio mental después de haber estado en prisión. El joven jovial, educado y amante de la poesía fue acusado injustamente de robar las joyas de una dama de alto rango y por más que reclamaba su inocencia, cumplió su sentencia, pasando 6 largos años en prisión. Es obvio que en aquellos años la palabra de un sirviente frente a una dama no tenía valor alguno.

Su mente, aturdida ante una realidad impuesta, no sostuvo su coherencia, debido a la angustia, la ira y la desesperación de saberse inocente.

En el año 1934, se abrieron las puertas de la cárcel para él, tras el fallecimiento de la gran dama, que en su lecho de muerte confesó, que ella misma había entregado las joyas a un chantajista.

A partir de su salida de la cárcel, comenzó a deambular por las calles.

La pintoresca vida del Caballero

El caballero de París

Pasó a la historia por su comportamiento pintoresco, su educación, su cultura y la magia de su comunicación, que le ganó el afecto de varias generaciones de capitalinos.

Sus lugares escogidos para callejear eran el Paseo del Prado, la Avenida del Puerto, la Plaza de Armas; cerca de la Iglesia de Paula; y el Parque Central, donde algunas veces dormía en uno de los bancos; además solía caminar por la calle Muralla, Infanta y San Lázaro y por la esquina de 12 y 23, en el Vedado. Su porte distinguido y sus exquisitos modales habían perdurado a pesar de su demencia en una forma de esquizofrenia. Su elegancia se distinguía a pesar de su barba y cabellos cada día más largos, y sus ropas raídas con capa negra. Siempre cargaba con muchos papeles y una bolsa con sus pertenencias.

Así, aquel joven que solo quería una vida cualquiera, sin saber se convertía en un símbolo, que perduraría hasta nuestros días “El Caballero de París”. No pedía y ni aceptaba limosnas, solamente algo para comer, que agradecía con su verbo elegante.

El Caballero de París

Hospitalización

Fue internado en el hospital psiquiátrico de Cuba en el año 1977, en Mazorra ubicado en las afueras de La Habana. La razón principal de su internado fue básicamente motivado a su estado de deterioro y no porque resultase una amenaza para nadie.

Su historia de vida está recogida en un libro del Dr. Luis Calzadilla, titulado Yo soy el Caballero de París.

Este doctor —el último especialista en salud mental que lo atendió en el Hospital Psiquiátrico de Mazorra—, publicó en su libro una copia fotográfica del certificado de nacimiento y la lista de entradas de pasajeros cuando él llegó a Cuba. También contiene un diagnóstico médico, así como los resultados de las pruebas de laboratorio y psiquiátricas y el reporte de su autopsia.

El Caballero confesó a Calzadilla que nunca se había casado, pero que tenía un hijo y una hija de una señora que era secretaria de una compañía azucarera. También le contó que su hijo vivía en Marianao y trabajaba en la radio, y que la madre e hija se habían ido de Cuba.

¿De dónde proviene su apodo?

Acerca de su apodo hay muchas teorías, una de ellas relata que lo obtuvo de una novela francesa. Otra vez dijo a su biógrafo que la gente empezó a llamarlo “El Caballero” en la Acera del Louvre, del Paseo del Prado.

Quizás, en su mente, la Acera del Louvre equivalía a París. El decía que La Habana era “…muy parisién” y que él era “mosquetero, corsario y caballero de Lagardere».

El Caballero de París falleció el 12 de julio de 1985, en Mazorra, su diagnóstico describe que padecía de parafrenia, considerado como una forma de esquizofrenia, mas no sufría alucinaciones.

Su figura inmortalizada

El caballero de París

Toda Cuba lo recuerda viejo, con el perfil y las manos afiladas, entre las cuales había siempre libros, periódicos y alguna que otra naranja tomada de algún jardín. Se dice que deambuló por las calles durante más de 40 años, lo que le valió su popularidad y el amor de todos los cubanos.

Su desaparición física de las calles no evitó que continuaran sus andanzas, ahora en el imaginario popular, en el recuerdo y en las leyendas de esa Habana que lo evoca en su día a día.

Su figura se inmortalizó en una escultura metálica en las afueras del Convento de “San Francisco de Asís”, donde a pesar de su opacidad, resalta el brillo de su dedo meñique, contrastante con el resto de la estatua, pues miles de cubanos y extranjeros lo han acariciado en busca de suerte. Así, el joven que vino a Cuba buscando una vida común, a pesar de su propia suerte, se convirtió en mito y regala fortuna a los que a él acuden.