Tiendas en divisas impactan ya la economía de los cubanos, para unos buenas para otros NO tanto

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Más allá de lo cuestionable que pueda ser la decisión gubernamental de abrir una red de tiendas exclusivamente en divisas extranjeras —dígase dolarización de la economía, fomento de un comercio exclusivo para grupos privilegiados, etc.—, sin dudas lo más sensible es que trae perjuicios a la población, al subir el precio del dólar en el mercado informal, responsable además de más del 50% del suministro de bienes de primera necesidad.

«Ahora el negocio de las tiendas nuevas complica bastante el de nosotros, los cuentapropistas, porque para tener ganancias estamos obligados a subir los precios», advierte Fernando, un comerciante holguinero de ropa y otros artículos de alta demanda popular.

«Necesitamos dólares para comprar en Panamá, Guyana o Surinam, y ahora, lejos de tener un pequeño margen al comprarlos con CUC, nos baja la plata y tenemos que invertir más. ¡Es que ya ‘el verde’ está a 1.30 CUC! Cada vez que el Estado inventa algo es para joder, nunca para ayudar. Al final, quien se perjudicará más será el pueblo, que es quien tiene que comprarlo todo más caro».

«Aún no se aprecian tanto los efectos porque es muy reciente, si acaso las cosas han subido un poquito pues todavía hay mucha mercancía regada en la calle», apuntó Liset, otra vendedora. «Pero poco a poco se va a notar un incremento importante, es inevitable. Está por ver qué efectos tendrá en las ventas porque la gente gana muy poco dinero, no aguantas más subidas».

«Mi marido viaja y yo soy la que vendo. Los clientes se quejan muchas veces de que todo está caro, pero es que se gasta mucho en pasajes, estancia fuera y hasta en sobornos en el aeropuerto. Hay que multiplicar más o menos por tres lo que te cuesta lo que compras afuera para que valga la pena la inversión. Y ahora, con esto del dólar tan caro, tendremos que subir más todavía; en vez de tres veces, serán por lo menos cuatro».

Ismael, un joven de Mayarí, tiene una motocicleta soviética marca Karpaty, y apenas se enteró de la venta de unidades de motor modernas en la nueva tienda abierta en Santiago de Cuba, llamó a su padre a Estados Unidos para que lo ayudara a comprar. Por hábito y sin prever tanto enredo, el padre le giró 450 dólares convertidos en CUC, por transferencia a través de Western Union.

«Yo le dije que me los pusiera en la tarjeta que saqué en el banco (exigida por el Gobierno para las compras en las nuevas tiendas en divisas), pero él no entendió bien y terminó haciendo la transferencia igual que siempre. Ahora tengo que comprar los dólares en la calle y poner 135CUC por arriba. Y si me tardo en comprarlos, seguramente suben más. Esto es una mierda, te joden por todos lados», dijo Ismael, molesto.

Sin embargo, Yanelis y Roli, una pareja residente en Estados Unidos que visita Mayarí, está feliz con el nuevo precio del dólar.

«Ahora sí que el dinero nos rinde. Siempre lo hemos cambiado en la calle porque tiene mejor precio que en la CADECA (Casa de Cambio estatal), pero ahora es increíble. Podemos hacer más cosas con los dólares que traemos, comprar más, disfrutar más».

El Gobierno no ve con buenos ojos el desarrollo de los comerciantes cuentapropistas que compran sus mercancías en varios países de la región para revenderlas en el desabastecido mercado interno. Más aún cuando esos países han hecho públicos los datos de los cientos de millones de dólares que captan sus economías por los viajes de los compradores cubanos.

Uno de los objetivos de las nuevas tiendas en dólares parece ser, precisamente, menguar mediante competencia desleal ese comercio y, por otro lado, está el interés de promover un mayor fuljo de divisas desde el exterior por concepto de remesas, para paliar la crisis de liquidez del Estado.