XIII Bienal de La Habana, fiesta de la imaginación

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Bienal de Cuba

Los primeros momentos de la XIII Bienal de La Habana, que comenzó su andadura este viernes en el Centro Wifredo Lam, reafirmaron el compromiso de la más importante cita de las artes plásticas organizada por Cuba –en un contexto de recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos a la Isla– con la creación experimental y la búsqueda de nuevos lenguajes capaces de transmitir las ansiedades y metas de nuestra época.

Jorge Alfonso, director ejecutivo de la Bienal, en palabras primiciales del esperado suceso, invitó a los presentes a disfrutar las creaciones con la misma intensidad con que se trabajó en la ejecución de las piezas.

El propio Centro de Arte Wifredo Lam deviene espacio demostrativo de cómo la Bienal es fiel a su lema: La construcción de lo posible. Desde el Tejido Colectivo, Donde Hubo Fuego, que propone la artista multidisciplinaria salvadoreña Alexia Miranda, presentada en el patio central de la institución, hasta la peculiares texturas, de raigambre identitaria, del maliense Abdoulaye Konaté; desde la videoinstalación del chileno Camilo Yañez sobre el ciclo de la vida y la muerte de la materia, hasta el rejuego conceptual, Evidencia, con los volúmenes del uruguayo Fernando Foglino; desde la serie Arqueología del Color, basada en fotografía estratigráfica de obras de arte universal, ejecutada en técnica mixta en sorprendente giro monumental de David Beltrán, hasta la envolvente instalación Blanco, diseñada como espacio de reflexión, meditación y limpieza, para que el público se involucre, ejecutada a gran escala por Tamara Campo, representantes ambos del mejor arte cubano.

Entre los presentes se hallaban artistas estadounidenses invitados a participar en la iniciativa Ríos intermitentes, que se hará efectiva en Matanzas bajo la curaduría de María Magdalena Campos. Se trata de creadores que apuestan por el diálogo cultural como vía de mutuo reconocimiento entre los pueblos.

Desde esta primera jornada en los diversos espacios expositivos se aprecia tanto la filiación tercermundista e inclusiva de la Bienal, como la vocación por hacer de cada acción una plataforma de reflexión propia.